Si la vida es sueño...¡que me dejen dormido!

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    domingo, 23 de abril de 2017

    La intuí, la percibí, la soñé, ¡fue toda mía!

    Imagen obtenida de Internet



    Me refugié en la ensoñación de los sentidos 
    y acabé mis días reviviendo cuantas realidades 
    dejé atrás olvidadas en la siniestra buhardilla 
    de mis más odiadas pesadillas.

    Por eso la dejé ir, libre y orgullosa. 
    Sus pasos fueron como el silencioso aleteo de una mariposa. 
    No se despidió ni yo me volví al dejar de sentir su aliento. 
    Mi corazón bajó su ritmo y mí pulso se estabilizó, 

    Pareció intuir que ella, nunca volvería. 
    Como así fue, ella, la esperanza, 
    jamás volvió a pretenderme ni volvió a acordarse de mí.

    Y perdí el sueño… éste voló tras la estela del insomnio 
    y olvidó para siempre que mí cuerpo fui su hogar 
    durante cincuenta y seis años. 

    Hasta que me di cuenta que subsistir 
    fue por mí convertido en todo un arte. 
    Sobre todo cuando supe que vivir 
    era todo un ejercicio de raciocinio.

    Por esa misma razón vivimos hoy cargando 
    sobre los hombros los errores que no supimos esquivar 
    y nos morimos cuando, pese a intentar evitarlo 
    ni una sola vez logramos saber acertar.

    Aun así que no nos pueda la rabia. 
    Tampoco dejemos lo haga la desilusión. 
    Somos paisajes que el tiempo desdibuja 
    y la tormenta arrastra hasta aparecer 
    diluidos en la orilla de la desolación. 

    Porque no existe peor batalla 
    que la que te haces a ti mismo, ni existe nada más triste 
    que perder una guerra que jamás llegaste a comenzar.

    No obstante, nunca olvides que la vida es más divertida 
    si al viajar llevas al amor como único pasajero de compañero. 
    Ni dejes de recordar que, el arte es la ciencia de aquel 
    que sabe expresarse con el alma y sabe amar con la fuerza del corazón.

    Así y todo me empeñé y quise recorrer tan rápido 
    el universo de los sentidos que, 
    superada la velocidad de la luz: me lo pasé de largo.
    Esa es la razón principal que tengo a la hora 
    de pensar tanto en la proximidad de la muerte, 

    porque, en definitiva, 
    es como negarse uno a sí mismo el derecho 
    a disfrutar de lo que nos queda de vida.

    Qué inútil me parece todo cuando siento que la razón 
    no es suficiente para atrapar a la felicidad entre los dedos. Mea culpa.
    Quise aproximarme tanto al precipicio 
    que cuando quise darme cuenta;  formaba ya parte de su paisaje.

    Así fue que me dejé mecer arropado por su cuerpo 
    y, atrapado entre sus brazos, su boca jugosa se adueñó de mis sentidos 
    y sentí como su lengua arrancaba las ansias de mis labios hambrientos, 
    en forma y fondo, de hondos y placenteros gemidos.

    Era experta, toda una profesional del amor. 
    Sabía cómo hacerme gozar, mi piel ardía como una llama furiosa 
    y se dejaba poseer con mucha pasión. 
    Y así fue que de tanto sentirla pegada a mí piel y a mi cuerpo,
    Sentí que la vida volvía de nuevo a mí ser.




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